Piel desnuda marcada con tatuajes rojo y azul se encuentra con botas de cuero hasta el muslo que desafían toda proporción, en un vacío de estudio sobreexpuesto. En monocromo granulado, el sujeto porta coronas de púas y pieles oscuras, emergiendo como una deidad en descomposición del folclore. Belleza en su estado más ambivalente: despojada de género, salvaje, posceremonial. Donde la elegancia se encuentra con la erosión.