Alambre plateado serpentea por el encuadre, suspendiendo esferas negras en pleno gesto alrededor de una figura vestida en lunares transparentes monocromos. Los bucles escultóricos no tienen principio ni fin, solo flujo. Ella los dirige con las manos en alto, mitad ingénue mod, mitad guardiana ritual. Un estudio sobre el retorno cíclico, donde la feminidad sesentera encuentra la geometría del movimiento perpetuo.