
El artista parisino Armand Croisonnier transforma rostros familiares y objetos cotidianos en retratos distorsionados e inquietantes utilizando un escáner plano en lugar de una cámara. Nacida del miedo a perder y olvidar a las personas más cercanas a él, su práctica ofrece una profunda meditación sobre la naturaleza de la memoria misma.
Croisonnier describe su escáner como un 'aspirador de memoria', capturando fragmentos de la vida diaria a través de fallas, formas estiradas y composiciones fracturadas creadas mientras los sujetos se mueven sobre su superficie. Las imágenes resultantes no son reproducciones perfectas, sino distorsiones accidentales moldeadas por el tiempo y el movimiento, creando un lenguaje visual que se siente a la vez familiar e inquietante.
Expandiendo su práctica hacia la escultura, el artista traduce estos escaneos distorsionados en objetos impresos en 3D, dando forma física a imágenes que nunca debieron existir más allá de una superficie plana. Esta transformación tiende un puente entre lo digital y lo analógico, creando artefactos táctiles a partir de lo que comenzó como fallas digitales efímeras.
Quizás la forma más auténtica de preservar nuestras vidas no sea a través de la documentación perfecta, sino mediante recuerdos que abrazan cada distorsión. El trabajo de Croisonnier sugiere que es en la imperfección, no en la perfección, donde se pueden encontrar las formas más honestas de remembranza. Su escáner se convierte no solo en una herramienta, sino en un instrumento filosófico, cuestionando cómo elegimos recordar y qué elegimos preservar.
Croisonnier describe su escáner como un 'aspirador de memoria', capturando fragmentos de la vida diaria a través de fallas, formas estiradas y composiciones fracturadas creadas mientras los sujetos se mueven sobre su superficie. Las imágenes resultantes no son reproducciones perfectas, sino distorsiones accidentales moldeadas por el tiempo y el movimiento, creando un lenguaje visual que se siente a la vez familiar e inquietante.
Expandiendo su práctica hacia la escultura, el artista traduce estos escaneos distorsionados en objetos impresos en 3D, dando forma física a imágenes que nunca debieron existir más allá de una superficie plana. Esta transformación tiende un puente entre lo digital y lo analógico, creando artefactos táctiles a partir de lo que comenzó como fallas digitales efímeras.
Quizás la forma más auténtica de preservar nuestras vidas no sea a través de la documentación perfecta, sino mediante recuerdos que abrazan cada distorsión. El trabajo de Croisonnier sugiere que es en la imperfección, no en la perfección, donde se pueden encontrar las formas más honestas de remembranza. Su escáner se convierte no solo en una herramienta, sino en un instrumento filosófico, cuestionando cómo elegimos recordar y qué elegimos preservar.







